NEUROFELICIDAD - Creciendo como Seres Humanos y Aprendiendo a Ser Felices
Premio en Comunicación - Federación para la Paz Universal (UPF Argentina) - Ecosoc ONU
ARÚN: EL NIETO DE MAHATMA GANDHI
Horacio Krell *
Cuando tenía 17 años, su padre le pidió lo llevara hasta su oficina, a 15 kms. de la casa. Cuando llegaron su padre le dijo que llevara el auto a un taller. La reparación iba a demorar casi todo el día, y estaría listo a las 4 de la tarde. Le dijo: Arún, necesito que me recojas a las 5, estaré aquí en la esquina parado esperando por ti. No te retrases por favor.
Arún se paseó por el pueblo hasta que vio un cine. Estacionó, entró y se quedó a ver las dos películas. Cuando se encendieron las luces, miró su reloj y vio que eran las 6:10 de la tarde. Fue a buscar a su padre. Ahí en esa esquina estaba parado pacientemente, en el calor de la India, con el polvo y la multitud pasándole por el lado.
Arún se bajó y le entregó las llaves. "Hijo, ¿qué te pasó? ¡He estado tan preocupado por tí! Arún respondió: Esos malditos mecánicos, no encontraban el problema y me han tenido hasta ahora esperando".
Un error no es un fracaso. Al aceptar la responsabilidad sobre lo que se hizo, se puede cambiar. Fracasar es culpar a los demás de nuestros errores. Echando culpas se pierde el control. Aceptar la responsabilidad es el principio básico del cambio productivo.
El castigo es la repuesta típica de un occidental ante la conducta de Arún. El papá lo podría haber castigado y listo, pero ¿qué efecto habría tenido en su conducta? El padre se hizo responsable, tomó el control de la situación y con el ejemplo, hizo recapacitar a su hijo.
No es posible controlar a los demás, sólo podemos controlar nuestra reacción. No podemos controlar los sucesos, pero si se puede controlar nuestros comportamientos cuando se presentan. Ese es su verdadero poder. La forma más poderosa de influenciar a otras personas es a través de la cultura del ejemplo. Hacer esto, es efectivo y además gana el respeto de los demás. Hay que callar para aprender a escuchar. Hay que escuchar para después hablar. Y al hablar aprenderemos cuando debemos callar.