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LA GRAFOLOGÍA COMO HERRAMIENTA DE AUTOCONOCIMIENTO

* Por Alejandra Capriglione 

Cuando decidimos un día emprender el camino del conocimiento y la transformación interior nos damos cuenta de la variedad de recursos posibles para ello: ya el sólo hecho de respirar puede resultar una llave que nos abra la puerta a nuestro ser, por ejemplo, si es que estamos atentos a lo que nos sucede cuando lo hacemos.


LA GRAFOLOGÍA COMO HERRAMIENTA DE AUTOCONOCIMIENTO

* Por Alejandra Capriglione 

Cuando decidimos un día emprender el camino del conocimiento y la transformación interior nos damos cuenta de la variedad de recursos posibles para ello: ya el sólo hecho de respirar puede resultar una llave que nos abra la puerta a nuestro ser, por ejemplo, si es que estamos atentos a lo que nos sucede cuando lo hacemos.

El primer paso, entonces, es la autoconciencia, el darnos cuenta, para después considerar qué haremos con aquello de lo que ahora somos concientes: si lo aceptamos, lo dejamos pasar o queremos modificarlo. Para esto es fundamental la auto observación, y la grafología puede resultar una valiosa herramienta al momento de querer saber más de nosotros mismos.

Es que en cada trazo está reflejado nuestro modo de pensar, nuestras emociones y sentimientos manifiestos u ocultos, nuestros potenciales y talentos desarrollados o latentes, nuestro modo de actuar y de conectarnos con el mundo y con nosotros mismos, e incluso aquellos aspectos aún no resueltos o que es necesario sanar.

Nuestras letras, firmas, dibujos, e incluso aquellos garabatos distraídos que realizamos mientras conversamos con alguien por teléfono o estamos en una clase que nos resulta aburrida, son reveladores y dejan impresa nuestra huella personal.

Por lo tanto, en el acto de escribir, no sólo nos comunicamos lo consciente, sino, además, aquello inconsciente, porque nuestras manos son extensiones corticales.

Para conocer una personalidad a través de su escritura es necesario observar el movimiento del trazo en el espacio gráfico, en el cual cada zona representa un área diferente de nuestra personalidad.

Al momento de realizar un análisis es necesario considera tres puntos básicos:

1) El espacio gráfico

La parte superior de las letras se relaciona básicamente con el intelecto y la espiritualidad, la media, con las emociones y sentimientos, y la inferior, con el mundo material e instintivo, entre otras cosas, y el modo en que nuestros distintos trazos se desplacen indicará características diferentes de la personalidad

Si una de las tres zonas se destaca por sobre las otras, señalará la predominancia de lo que implica sobre las demás.

Por ejemplo:

La zona media se destaca sobre la superior e inferior, indicando un predominio de lo emocional.
En este caso, se destaca la inferior, revelando un predominio de lo instintivo y material.
Finalmente, podemos observar la diferencia de tamaño de los trazos que van a zona superior con los restantes, indicándonos una predominancia de lo intelectual o espiritual (dependiendo de la forma del grafismo).
2) Los tipo de trazos
Nuestra escritura presenta básicamente dos tipos de trazos, de los cuales surgen diferentes variedades: los curvos y los angulosos.
Los curvos son más fluidos, y se asocian con el sentimiento, la dulzura, el contacto suave y la imaginación, sugiriendo una adaptación más fácil, aunque si son demasiado curvos pueden indicar laxitud.
Por otro lado, los trazos angulosos son signo de predominancia de la razón, la voluntad, la combatividad y pueden implicar cierta rigidez o irritabilidad.
La combinación de ambos podría describir una actitud intermedia entre la blandura y la rigidez.
3) Los géneros gráficos

Son distintos aspectos de la escritura que se relacionan con diferentes aspectos de la personalidad, tal como vemos a continuación:

ORDEN: Analiza el emplazamiento del escrito en el papel: distribución, márgenes y legibilidad. Informa sobre la capacidad de organización de las tendencias, las aptitudes de clasificación, ordenación, control y verificación.

INCLINACIÓN: Grado de inclinación de la letra (a derecha, vertical o a izquierda). Señala las aptitudes para el contacto humano, cómo el individuo se relaciona con los demás.

DIRECCIÓN DE LÍNEAS: Desplazamiento de las líneas del renglón. Indica el nivel de fluctuación del ánimo, humor y voluntad de quien la realiza.

DIMENSIÓN: Tamaño de la escritura (grande, mediana o pequeña). Refleja el nivel de las necesidades de expansión, autovaloración y sentimiento de sí mismo.

FORMA: Tipo de letra (imprenta, caligráfica), etc y gestos en su trazado (tipos de trazos). Muestra los diversos modos de conducta, el nivel de adaptación, de convencionalismo o de originalidad, las aptitudes científicas, artísticas, comerciales o burocráticas, y es el signo cualitativo de las facultades intelectuales.

VELOCIDAD: Grado de prontitud para escribir. Indica la vivacidad de las reacciones, la prontitud de la acción y de la inteligencia, y la aptitud para comprender y resolver problemas.

PRESIÓN: Nivel de fuerza y profundidad del trazado en el papel. Traduce el nivel de afirmación de energía, profundidad y relieve de las tendencias, ideas, voluntad, además de las aptitudes de mando y decisión.

CONTINUIDAD: Comprende 3 aspectos: REGULARIDAD (nivel de constancia en los géneros gráficos), VARIABILIDAD (evolución del escrito a lo largo del tiempo) y COHESIÓN de la escritura (nivel de enlace entre las letras que integran una palabra, indicando el grado de comunicación con los demás y la actitud de realización o detención para la elaboración mental.

Si bien cada una de estas características se relaciona con un aspecto de la personalidad, y tienen un significado, no debe considerarse en forma aislada, sino en función de un todo, porque un mismo signo gráfico puede tener una significación diferente de acuerdo con el resto de signos presentes en el escrito.

Por ejemplo, la escritura inclinada hacia la derecha puede ser signo de búsqueda de contacto social, pero si avanza hasta llegar al borde derecho del papel ejerciendo una presión fuerte sobre el mismo, o terminando las palabras con trazos puntiagudos y largos, puede pertenecer a una personalidad impulsiva, avasallante, que procura hacer prevalecer las propias ideas dejando poco espacio a los demás.

Conclusión
Como puede observarse, el análisis grafológico implica muchos aspectos del trazado. Una vez descubierto el significado de nuestra escritura y la relación entre algunos grafismos y ciertas conductas que deseamos modificar, podemos recurrir a los medios necesarios para superarlas: terapia, reeducación gráfica, meditación, coaching, counseling, o cualquiera con la que nos sintamos más afines para emprender con gusto nuestro camino de transformación interior.
* Alejandra V. Capriglione es Grafóloga Pública, Grafoanalista, Profesora de Grafología y Tests Proyectivos , y Experta en Grafoterapia. Tiene una amplia trayectoria como Capacitadora, como Asesora grafológica de particulares, Empresas y Consultoras (en el área de RRHH), como Conferencista y como colaboradora en el Hospital Escuela General San Martín (Departamento de Salud Mental). Te invitamos a leer la ENTREVISTA que el realizamos para esta edición. Su correo es grafologiaintegral@speedy.com.ar



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